En Argentina hay una muerte por suicidio cada 2 horas afectando en 2,1% a mujeres y 10,8% a hombres consolidándose como la principal causa de muerte violenta en Argentina, superando las muertes por siniestros viales y homicidios en adolescentes de 15 a 19 años y a jóvenes. Registrando 24 intentos diarios representando un incremento histórico del 40% en los primeros meses de 2026, hasta abril, (en comparación con los del año pasado) y de suicidios en un 91% de la media histórica según datos del Ministerio de Salud.
Estamos en Alerta Roja Nacional, según recoleta nuestro columnista Federico Calabuig.
En 2015 se aprobó la Ley Nacional de Prevención del Suicidio, pero recién en 2021 se logró reglamentarla porque Hospitales y Centros de Salud son Centros de atención primaria para urgencias de salud mental.
Calabuig retoma a Freud para analizar estas noticias. El padre del psicoanálisis conceptualizó al suicidio como un asesinato interno: la agresión hacia otro, internalizada, se dirige contra el propio yo. Implica una ruptura del lazo social y el deseo realizado de muerte.
El suicidio es la máxima consecuencia de la melancolía, una depresión profunda donde la persona dirige una “tendencia hostil” hacia sí misma donde la persona siente q no puede sostenerse más.
El suicida es un “asesino tímido”: Freud sugería que el deseo de matar a otro se transforma en el deseo de matarse a sí mismo por autocastigo y culpa.
Detrás del acto suicida, ocurre en un contexto de desamparo, pérdida de sentido y dolor intolerable.
Puede haber indicios no generalizables como: insomnio, ansiedad permanente, repulsa del alimento, aislamiento social, tristeza profunda, angustia, repliegue. Es un acto donde las palabras ya no tienen lugar, ya no hay lugar para el seguir deseando
Si bien cada suicidio será diferente, no sólo en los detalles, sino que, sea consciente, voluntario o inconsciente Durkheim, consideraba que tanto el suicidio como la criminalidad son síntomas de un proceso de disgregación social.
En este último sentido, para nuestro columnista hay factores objetivos de riesgo actuales: entre ellos están es la crisis económica, el deterioro de las condiciones de vida, el aumento de los despidos, el consumo problemático de sustancias y la falta de acceso a atención de salud mental, la caída generalizada de los ingresos.
Organismos como la Defensoría del Pueblo coinciden en que estos factores actúan como disparadores de desesperanza al limitar drásticamente las posibilidades de desarrollo personal y familiar, sumándose al impacto del recorte presupuestario en políticas de prevención.
Entre factores subjetivos, para Calabuig, se encuentra el rol del consumo y la cultura. La proliferación de modelos de vida “exitosa” o “deseable” -promovidos por las redes sociales (especialmente Instagram, altamente visual) y la publicidad, que exaltan el bienestar material, la juventud eterna y el rendimiento sin límites- termina generando un sufrimiento psíquico.
Esta tensión entre lo que “se debe ser” (el estándar exitoso y exigente) y lo que “se puede ser” (limitado por la realidad económica) crea una brecha de frustración, aislamiento y desamparo, produciendo anomia. Explicado en la progresiva desintegración del tejido social de sostén como un factor clave en los desenlaces fatales.
Federico Calabuig añade que el suicidio es prevenible. Hablar y pedir ayuda es el primer paso.
Línea de Prevención del Suicidio: (011) 5275-1135 o 0800 345 1435 (desde cualquier lugar del país)

