por Ricardo Celaya
Tu vida es un gran río, va caudalosamente. A su orilla, invisible, yo broto dulcemente. Fragmento de “Soy esa Flor”
La figura de Alfonsina Storni suele asociarse con su obra poética, su lucha por la emancipación femenina y su trágico final en Mar del Plata. Sin embargo, entre los numerosos episodios que marcaron su vida existe uno poco conocido, ocurrido en la ciudad de San Lorenzo, que permite comprender las dificultades que enfrentó siendo una joven estudiante.
Según reconstruye Josefina Delgado en su libro Alfonsina Storni: una biografía esencial, en 1910 la futura poeta cursaba sus estudios en la Escuela Normal Mixta de Maestros Rurales de Coronda. Por aquellos meses comenzó a realizar viajes de fin de semana sin que sus compañeras ni sus docentes supieran adónde se dirigía ni de dónde obtenía el dinero para costearlos. Con el tiempo se descubrió que viajaba a Rosario y a otras localidades de la región, donde buscaba oportunidades vinculadas al canto y al teatro.
Ese mismo año, durante los festejos por un nuevo aniversario del combate de San Lorenzo, Alfonsina participó de un acto artístico realizado en la ciudad. Sobre un escenario adornado con banderas argentinas interpretó la célebre “Cavatina” de El barbero de Sevilla, de Gioachino Rossini. Su actuación fue tan celebrada que el público le pidió volver a cantar. Pero aquel momento de reconocimiento se transformó repentinamente en humillación. En medio del silencio previo a una nueva interpretación, alguien entre los asistentes afirmó en voz alta que aquella joven era la misma que cantaba en Rosario en un local de dudosa reputación. Las risas no tardaron en propagarse entre parte del público. En una sociedad profundamente conservadora, donde cualquier mujer que buscara independencia o visibilidad pública podía convertirse en blanco de sospechas y comentarios maliciosos, la acusación resultó devastadora.
El regreso a Coronda estuvo marcado por la angustia, al regresar a la pensión donde se alojaba, Alfonsina escribió una breve nota: “Después de lo ocurrido no tengo ánimos para seguir”, la cual fue encontrada por la esposa del comisario cuando advirtió su ausencia a la hora de la cena. La preocupación fue inmediata. Temiendo lo peor, varios vecinos iniciaron su búsqueda hasta que finalmente fue encontrada entre las barrancas del río, sola y llorando.
Más allá de que el episodio no tuvo consecuencias físicas, revela las tensiones que debió enfrentar una joven que intentaba abrirse camino en el mundo artístico de comienzos del siglo XX. La humillación pública sufrida en San Lorenzo anticipa algunos de los temas que atravesarían toda su obra: el peso de los prejuicios sociales, la mirada moralizadora sobre las mujeres y la búsqueda de una identidad propia frente a los rígidos mandatos de la época.
Más de un siglo después, aquella ciudad que dejó una profunda huella en su sensibilidad mantiene vivo su recuerdo: San Lorenzo la homenajea con una plazoleta que lleva su nombre en la esquina de Catamarca y Pasaje Alzugaray. Entre el río y el mar, la obra de Alfonsina Storni continúa vigente, interpelando a nuevas generaciones con la misma fuerza y sensibilidad que la convirtieron en un símbolo.

