Mientras el Gobierno nacional impulsa cambios que buscan flexibilizar el régimen del practicaje y desregular el transporte por agua, crece la preocupación entre los trabajadores portuarios. Detrás de una actividad poco conocida se encuentra uno de los oficios más importantes para la seguridad de la navegación y la defensa de la soberanía sobre la principal vía exportadora del país.
Cada año, miles de buques de ultramar recorren el Paraná para cargar granos, aceites y otros productos que la Argentina exporta al mundo. Lo que pocas personas saben es que, una vez que esas embarcaciones ingresan a aguas argentinas, dejan de navegar bajo las decisiones de su capitán y pasan a ser conducidas por un profesional local: el práctico.
Conocidos como los “capitanes de río”, los prácticos tienen la responsabilidad de conducir con seguridad embarcaciones de hasta 200 metros de eslora a lo largo de casi 500 kilómetros, desde el Río de la Plata hasta los puertos del Gran Rosario. Se trata de una tarea que requiere un conocimiento profundo del río y una enorme capacidad técnica.
Un oficio que exige conocer un río en permanente cambio
A diferencia de una ruta terrestre, el Paraná modifica constantemente su fisonomía. Las crecientes, las bajantes, las corrientes y la sedimentación alteran el fondo del río de manera permanente. A eso se suman las tareas de dragado y las condiciones meteorológicas, que cambian día a día las condiciones de navegación.
Por esa razón, un práctico no repite nunca el mismo recorrido. Cada viaje exige interpretar nuevamente el estado del río para decidir cuál es el paso más seguro para una embarcación de gran porte. Su trabajo consiste en conocer aquello que permanece oculto bajo la superficie: bancos de arena, cambios en el canal navegable y variaciones de profundidad que pueden comprometer una maniobra.
La responsabilidad es enorme. Un error puede provocar el encallamiento de un buque, generar pérdidas millonarias, interrumpir el tránsito fluvial o producir daños ambientales de gran magnitud.
La experiencia como principal herramienta
El practicaje es una actividad altamente especializada. No todos los prácticos realizan el mismo trabajo ni recorren todo el trayecto.
Habitualmente, un profesional conduce el buque desde el Río de la Plata hasta determinado sector del Paraná, donde otro práctico toma el mando para continuar el recorrido. Del mismo modo, existen especialistas dedicados exclusivamente a las maniobras finales de ingreso desde la rada hasta el muelle y al atraque de las embarcaciones.
Esta división responde al conocimiento específico que requiere cada tramo del río. La experiencia acumulada durante años de navegación sigue siendo el principal recurso para garantizar que los barcos lleguen a destino sin inconvenientes.
Mucho más que una buena remuneración
Dentro del ambiente portuario suele decirse que los prácticos son quienes perciben los ingresos más altos del sector. Esa imagen, sin embargo, suele dejar de lado el nivel de responsabilidad que implica el oficio.
Durante décadas circuló la idea de que debían responder con su patrimonio personal ante cualquier accidente. En realidad, la actividad cuenta con seguros específicos debido a la magnitud económica de los riesgos involucrados. Los daños que puede ocasionar una mala maniobra superan ampliamente cualquier patrimonio individual.
Sin embargo, quienes ejercen el oficio coinciden en que el verdadero riesgo es otro. Un accidente puede poner fin a una carrera construida durante décadas y afectar el prestigio profesional de manera irreversible.
La reforma que preocupa al sector
Mientras estos trabajadores cumplen una función esencial para el comercio exterior argentino, el Gobierno nacional avanza con un proyecto de reforma que busca modificar el funcionamiento del sistema portuario y del transporte por agua.
La iniciativa impulsada por el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, retoma aspectos que ya habían sido intentados mediante decretos y propone una profunda flexibilización del régimen de cabotaje y del practicaje.
Aunque el texto definitivo aún no fue presentado, trascendió que el proyecto apunta a reducir los requisitos para ejercer la actividad, flexibilizar las condiciones de prestación del servicio y disminuir la intervención del Estado en la regulación del sector.
El argumento oficial sostiene que estas modificaciones permitirían reducir costos logísticos y aumentar la competitividad del sistema portuario.
Las advertencias de los trabajadores
Las organizaciones sindicales y las entidades que representan a los prácticos sostienen una posición muy diferente. Consideran que la desregulación puede deteriorar las condiciones de seguridad de la navegación y reducir la participación de profesionales argentinos en una actividad estratégica.
La preocupación se profundiza porque la reforma forma parte de un paquete más amplio que también modifica el régimen del cabotaje nacional.
Actualmente, buena parte del transporte entre puertos argentinos está reservado para embarcaciones de bandera nacional. La propuesta oficial habilitaría una mayor participación de buques extranjeros y permitiría que las relaciones laborales a bordo se rijan por la legislación del país de origen de cada embarcación.
Para los gremios marítimos, esta política abre la puerta a un progresivo reemplazo de trabajadores argentinos por personal extranjero en distintas actividades vinculadas al río.
Mucho más que una discusión laboral
El debate excede las condiciones de trabajo de un sector específico. Para quienes defienden el actual sistema de practicaje, el conocimiento que poseen estos profesionales constituye un activo estratégico para el país.
Los prácticos conocen uno de los corredores logísticos más importantes de América del Sur. Por esa vía sale cerca del 80 por ciento de las exportaciones agroindustriales argentinas. Su experiencia no puede reemplazarse únicamente con tecnología ni con sistemas de navegación satelital.
Cada maniobra combina información técnica, conocimiento del territorio y años de práctica sobre un río que nunca presenta las mismas condiciones.
La soberanía también se juega en el río
La discusión sobre el practicaje vuelve a poner en primer plano una pregunta que atraviesa toda la política portuaria argentina: quién controla la principal vía de salida de la producción nacional.
Los trabajadores sostienen que la flexibilización del sistema no solo afecta derechos laborales, sino que también debilita la capacidad del Estado para intervenir en una actividad estratégica.
Detrás de cada barco que llega sin inconvenientes al puerto hay un profesional cuya tarea permanece prácticamente invisible para la mayoría de la sociedad. Sin embargo, sobre ese conocimiento especializado descansa buena parte de la seguridad de la navegación y del funcionamiento del principal complejo exportador del país.
En momentos en que el Gobierno impulsa una nueva desregulación del sistema fluvial, el futuro de los prácticos aparece como una pieza más de un debate mayor: el de la soberanía sobre el río, el trabajo argentino y el control de una infraestructura clave para el desarrollo nacional.

