Por Clara Suarez
El fin de semana del 24 al 26 de este mes se realizó el cuarto Encuentro Latinoamericano de Mujeres, un espacio que ya lleva once años de historia y que reunió a delegaciones de distintos países de la región para compartir experiencias de lucha, tender puentes entre organizaciones y delinear estrategias comunes frente a un escenario que se repite, con matices, en buena parte del continente. El primer encuentro se realizó en República Dominicana en 2015; luego Ecuador fue sede en 2018 y Brasil en 2023. Este año le tocó a Argentina.
Más allá del recorrido de cada delegación, lo que atravesó todo el encuentro fue una certeza compartida: lo colectivo es superador. Así lo transmitieron las propias participantes al describir el clima del encuentro, que —coinciden— dejó a todas “hermanadas” y fortalecidas para seguir sosteniendo la organización en sus territorios.
Un archivo para multiplicar la experiencia

Entre las conclusiones de los talleres surgieron dos definiciones concretas: armar un archivo con la experiencia argentina de los Encuentros Plurinacionales de Mujeres —que ya llevan cuatro décadas de continuidad— para compartirlo con otros países, y trabajar para replicar ese formato en el resto de la región. No es un dato menor: mujeres de otras delegaciones expresaron su sorpresa y admiración por la capacidad argentina de sostener, año tras año, un espacio de esa magnitud y continuidad.
Ese reconocimiento externo funcionó, para muchas de las presentes, como un impulso necesario en un contexto regional marcado por el desánimo. Escuchar que la experiencia propia es valorada como única en el mundo actuó, según se compartió en las rondas, como un estímulo de cara al próximo Encuentro Plurinacional de octubre y a las luchas que se vienen.
Plenarias, talleres y una metodología horizontal
La dinámica del encuentro combinó sesiones plenarias —donde cada delegación expuso la situación política y económica de su país— con jornadas de talleres, el corazón del espacio. Se realizaron alrededor de dieciséis talleres sobre ejes como mujeres y trabajo, antiimperialismo, experiencias de lucha y organización, discapacidad, salud integral y la campaña por el aborto legal, entre otros.
Un rasgo distintivo de la metodología es que no se vota: las conclusiones incorporan todas las voces, incluidas las disidentes. Cuando no hay consenso, esa diferencia también queda registrada. Es una forma de sostener el debate abierto sin forzar unanimidades artificiales, reconociendo que las luchas feministas conviven con tensiones y matices que no siempre cierran.
Sobre la despenalización del aborto, la experiencia argentina —la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, que además nació como conclusión de un Encuentro Plurinacional anterior— resultó un punto de referencia frente a realidades donde la interrupción del embarazo sigue restringida a causales específicas o directamente judicializada en la práctica, pese a estar permitida en la letra de la ley.
Un patrón regional: ajuste, represión y alianza con potencias extranjeras

Uno de los ejes que atravesó tanto las plenarias como los talleres fue la economía. Las delegaciones coincidieron en identificar un patrón que se repite, con variaciones locales, en Argentina, Chile, Uruguay, Perú y Colombia: recorte de recursos estatales, desfinanciamiento de la educación y la salud, y un aumento del gasto en seguridad que no apunta a proteger a la población sino a perseguir a opositores políticos y reprimir la protesta social.
En ese cuadro aparece, de manera recurrente, la injerencia de las potencias extranjeras —particularmente Estados Unidos— sobre los recursos estratégicos de la región: litio, tierras raras y minerales críticos, tanto en Argentina como en Brasil. Ese avance sobre los recursos naturales y los territorios fue puesto en relación directa con los cuerpos de las mujeres como otro territorio en disputa, en un paralelismo que las delegaciones consideraron central para entender la ofensiva actual.
No es una asociación abstracta: mientras en Argentina se profundiza la precarización laboral y la informalidad, son las mujeres quienes cargan con la doble tarea del trabajo remunerado y las tareas de cuidado, en un contexto de violencias que no dan tregua. Los datos que circularon durante el encuentro son elocuentes: en Brasil se registró una violación cada seis minutos durante 2024, y en 2025 un femicidio cada cinco horas, con un total de 1.578 femicidios en el país en ese período. A eso se suma el crecimiento del acoso digital, potenciado por el uso de inteligencia artificial para generar contenido no consentido, un fenómeno que también atravesó denuncias de menores de edad en Argentina.
La calle como territorio en disputa

Otro punto de coincidencia fue el acoso callejero y, más ampliamente, la disputa por el espacio público como territorio. En Argentina, el protocolo de seguridad conocido popularmente como “protocolo Bullrich” fue señalado como una herramienta de persecución política orientada a impedir las manifestaciones y sostener una vigilancia constante, también a través de las redes. Delegaciones de otros países reconocieron dinámicas similares en sus territorios.
En ese marco, resultó significativo para las delegaciones extranjeras el hecho de que el movimiento de mujeres en Argentina haya logrado sostener la lucha en la calle de manera ininterrumpida, algo que en países como Ecuador, Colombia o Perú resulta hoy mucho más difícil de organizar. Se compartió la lectura de que las políticas económicas neoliberales no solo golpean materialmente, sino que además promueven el individualismo, la lógica de la competencia despiadada y el debilitamiento de las redes comunitarias, condiciones que erosionan la capacidad de organización colectiva.
Frente a ese diagnóstico, la conclusión que atravesó casi todos los talleres fue la necesidad de apostar a la unidad y a la multisectorialidad. Se mencionó, como ejemplo, la confluencia entre estudiantes universitarios y trabajadores en una de las huelgas más importantes de los últimos años en Brasil, un patrón que también se reconoce en las marchas universitarias argentinas y en movilizaciones como la marcha antifascista, que ganaron fuerza al articular a distintos sectores.
Dos leyes, un mismo día: infancias, mujeres y territorio
El encuentro coincidió con la antesala de una fecha clave: este 6 de agosto el Congreso avanza, en la misma sesión, con dos proyectos de fuerte impacto. Por un lado, la reforma vinculada a la propiedad privada que en los hechos habilitaría la extranjerización sin límites de la tierra argentina. Por el otro, un proyecto de ley que ya viene generando modificaciones en causas judiciales en curso, incluso antes de su aprobación formal, y que pone en juego derechos de infancias y de mujeres en situación de vulnerabilidad.
La lectura que circuló entre las delegaciones fue que se trata de una estrategia deliberada: avanzar sobre distintos frentes a la vez —las infancias, las mujeres y el territorio en sentido literal, la tierra— para dispersar la capacidad de respuesta social. Una práctica que, coincidieron, no es exclusiva de la Argentina sino un rasgo compartido por el avance de las derechas en la región.
La singularidad y lo hermanado

De este cuarto Encuentro Latinoamericano de Mujeres quedan, sobre todo, dos certezas. La primera es la dimensión de una experiencia que, vista desde afuera, cobra otra magnitud: cuatro décadas de Encuentros Plurinacionales de Mujeres autoorganizados en Argentina son, para las delegaciones de la región, un caso único que ayuda a explicar buena parte de la política argentina reciente.
La segunda es la certeza de un destino compartido. Así como la solidaridad de clase encuentra su base material en la explotación común, las mujeres de los países dependientes de América Latina reconocen en esta instancia un problema estructural compartido: el de integrar naciones sometidas a la dependencia y la opresión de las potencias centrales. Desde ahí, sostener el encuentro entre mujeres de la región no es solo un gesto de fraternidad, sino una herramienta concreta para leer la propia realidad como parte de una trama más amplia y, a partir de esa lectura, construir las trincheras necesarias para resistir el avance conjunto sobre los territorios, los derechos y los cuerpos.
La próxima sede ya fue definida: el quinto encuentro se realizará en Colombia.

