¿Cómo podrán los dirigentes sindicales modelar el futuro de las instituciones?


Por *Martin Morales. Opinión.

Sin dudas, estos últimos cinco años trajeron una acelerada escalada de cambios en la sociedad y en el mundo del trabajo. Ya no es el futuro: es hoy cuando asoma el gran desafío para las organizaciones colectivas, acorraladas no solo por el avance de un sentido común cada vez más individualista, sino por el vértigo de las nuevas tecnologías.

La pregunta que nos quema es qué posición va a tomar la dirigencia sindical en Argentina, donde gran parte de sus conducen —por una cuestión de edad— sigue atada a recetas y políticas que funcionaron en otra época, pero que hoy quedaron cortas.

Hoy las aplicaciones de tu celular saben más de vos y de tus necesidades que cualquier sindicato o gobierno. Mientras las estructuras tradicionales quedaron atrapadas en el pasado, las plataformas usan datos para controlar cómo y cuánto trabajás. Por eso, los métodos de organización de siempre se sienten lentos o desconectados de la realidad.

La advertencia es clara: si la dirigencia no aprende a usar la tecnología a favor de los trabajadores, los sindicatos van a tender a desaparecer y la gente va a quedar sola frente a poderes económicos concentrados que sí evolucionan a pasos agigantados.

Varios son los desafíos.

La comunicación y la escucha de las necesidades juega un rol central, repetir de memoria a los grandes líderes o pensadores del pasado no sirve si no sabemos usar sus ideas para los problemas de hoy. La tecnología y la Inteligencia Artificial están cambiando la forma en que nos comunicamos, pensamos y nos organizamos. Para no desaparecer, no tenemos que rechazar la tecnología ni aceptarla a ciegas, sino crear nuestras propias herramientas tecnológicas basadas en nuestra propia cultura e historia, usándolas para organizar a los trabajadores y defender nuestro futuro.

Frente a este escenario, la avanzada tecnológica no nos deja margen para la improvisación: nos obliga a rediseñar la negociación colectiva sobre nuevas bases. Este proceso de transformación no puede ser unilateral; debe ser consensuado, organizado y articulado en una mesa tripartita donde la innovación no se traduzca en precarización.

Adaptar la dinámica laboral implica garantizar, de manera innegociable, los pilares del Trabajo Decente de la OIT. La modernización debe asentarse sobre los derechos fundamentales del trabajo: la libertad sindical y la negociación colectiva (Convenios 87 y 98), la erradicación del trabajo forzoso y la abolición del trabajo infantil (Convenios 29, 105, 138 y 182), la no discriminación y la equidad salarial (Convenios 100 y 111), y un entorno laboral seguro y saludable (Convenios 155 y 187).

La tecnología debe ser una herramienta para elevar la calidad de vida de quienes producen, no una excusa para recortar conquistas. El desafío del movimiento obrero es sentarse a discutir el futuro del trabajo con la solidez de nuestras convicciones y el respaldo estricto de estas normas internacionales.

Que rol ocupa la IA?

“La transformación tecnológica en el complejo agroexportador ya no forma parte de un futuro lejano ni de un debate teórico. Empresas globales como Cargill, Bunge, LDC o firmas nacionales como AGD y Renova ya vienen implementando soluciones de Inteligencia Artificial a escala global para optimizar sus cadenas productivas. Es un proceso que desembarca aceleradamente en nuestros puertos y plantas.

Hablamos de sistemas de visión artificial aplicados al calado automático y al análisis de calidad de grano en el ingreso de camiones, de algoritmos predictivos para la logística en playa, y de modelos de aprendizaje automático para el control de temperatura y extracción de aceite de soja en las plantas de molienda.

Esta realidad impone un desafío urgente al movimiento sindical agroindustrial: no se trata de resistir el avance de la tecnología, sino de disputar quién la controla y para qué se usa. Si la Inteligencia Artificial la maneja solo la patronal, el resultado será destrucción de empleo y precarización. Pero si el sindicato logra introducir la tecnología en la negociación colectiva, la IA debe servir para eliminar tareas de alto riesgo, capacitar a los trabajadores en el manejo de nuevas herramientas y garantizar salarios acordes a las ganancias de productividad que estas tecnologías generan.”

El costo oculto del RIGI: ¿flexibilización geográfica y cierre de plantas?

“El debate sobre el modelo sindical no puede darse al margen de las políticas económicas del Estado. El nuevo Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) no es solo una medida impositiva: es un reordenamiento geográfico y laboral de la agroindustria argentina.

La combinación de exenciones fiscales y la posterior eliminación de derechos de exportación para proyectos RIGI genera un incentivo perverso. Empresas como Louis Dreyfus Company (LDC) invierten USD 400 millones en Bahía Blanca para levantar megaplantas de última tecnología, mientras que Molinos Agro y ACA proyectan hasta USD 800 millones en Timbúes.

La pregunta incómoda que el movimiento obrero debe formular es: ¿qué va a pasar con los cordones industriales tradicionales? Plantas históricas pero tecnológicamente relegadas, como las de General Lagos o las que quedaron atrapadas en el entramado urbano de San Lorenzo, difícilmente puedan competir contra instalaciones eficientes y exentas de impuestos. El riesgo de relocalización, vaciamiento o cierre de estas unidades productivas es directo.

Frente a este escenario, el modelo sindical no puede limitar su acción a la discusión salarial. Debe exigir participar en la planificación de estas inversiones, negociar cláusulas de estabilidad laboral, planes de reubicación y reconversión profesional garantizada. Si el Estado subsidia la mudanza del capital hacia zonas de privilegio fiscal, el sindicato debe garantizar que no se dejen pueblos fantasmas ni trabajadores descartados a la vera del Paraná.”

*Ex Secretario gremial SOEA San Lorenzo (Aceiteros) / Estudiante de Abogacia.


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