¿Culpables o libres de culpa?: Milei vuelve a apuntar contra el aborto y las “pañuelos verde” por la caída de la natalidad


Por Rocio Suarez

El Presidente responsabilizó a “los pañuelitos verdes” por la baja de la natalidad y vinculó la menor cantidad de nacimientos con el crecimiento económico y el futuro del sistema previsional. Sin embargo, la caída de la natalidad argentina comenzó varios años antes de la legalización del aborto. El debate vuelve a poner en escena una pregunta de fondo: ¿por qué cada vez nacen menos chicos y qué condiciones tienen hoy quienes quieren formar una familia?

Javier Milei volvió a colocar al aborto legal en el centro de la discusión política. Durante su exposición ante empresarios en el Council of the Americas, el Presidente sostuvo que la Argentina está pagando “muy caro” lo que definió como “la locura de los pañuelitos verdes” y vinculó la baja de la natalidad con las dificultades futuras para sostener el crecimiento económico y el sistema previsional. La afirmación reabrió una discusión que excede largamente la cuestión del aborto. Porque detrás de la caída de los nacimientos existe un fenómeno demográfico real, pero su explicación no puede reducirse a una sola causa.

Y hay un dato que resulta determinante: la natalidad argentina comenzó a descender en 2014, seis años antes de que se sancionara la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, aprobada en diciembre de 2020 y vigente desde enero de 2021. Es decir, la curva ya tenía una trayectoria descendente cuando el aborto todavía no era legal en Argentina.

Una tendencia que empezó mucho antes

Los registros oficiales muestran una caída sostenida de los nacimientos durante la última década. En 2020 se registraron 533.299 nacidos vivos, mientras que para 2024 la cifra había descendido a 413.135: una reducción del 22,5%.

La tendencia tampoco es exclusivamente argentina. La disminución de la fecundidad se observa en numerosos países y está asociada a transformaciones profundas: las personas tienen hijos más tarde, acceden en mayor medida a métodos anticonceptivos, cambian sus proyectos de vida y, en muchos casos, deciden tener menos hijos.

Pero hay otro componente que resulta imposible ignorar: las condiciones económicas y sociales en las que se toman esas decisiones. Tener un hijo supone vivienda, alimentación, salud, educación, tiempo y cuidados. Cuando acceder a una casa resulta cada vez más difícil, los salarios pierden capacidad de compra y la estabilidad laboral se vuelve incierta, formar una familia puede transformarse en una decisión que muchas personas postergan.

¿Las personas dejaron de querer tener hijos?

Una encuesta nacional realizada por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) y Voices! muestra que el deseo de tener hijos continúa vigente. El 57% de las personas de entre 18 y 45 años consultadas todavía no alcanzó la cantidad de hijos que desearía tener si no existieran limitaciones.

¿Y cuáles son esas limitaciones? Entre las principales aparecen justamente las condiciones materiales: el 79% mencionó la imposibilidad de garantizar bienestar económico a un hijo, el 78% señaló las dificultades para acceder a una vivienda adecuada y el 74% apuntó a la falta de tiempo para las tareas de cuidado.

El dato cambia el eje de la discusión. No necesariamente estamos frente a una sociedad que dejó de querer tener hijos. Podemos estar frente a una sociedad que no encuentra las condiciones necesarias para concretar el proyecto de tenerlos.

La afirmación presidencial presenta además un problema cronológico. Si la natalidad comenzó a caer en 2014 y el aborto legal fue sancionado en 2020, no es posible utilizar la legalización como explicación del inicio de una tendencia que ya llevaba seis años.

La evidencia disponible muestra una tendencia anterior, más amplia y atravesada por múltiples factores.

La paradoja de exigir nacimientos

La discusión se vuelve todavía más compleja cuando se incorpora la política económica.

Si el problema es que nacen pocos niños porque las personas no encuentran condiciones para formar una familia, la pregunta inevitable es qué herramientas ofrece el Estado para modificar esas condiciones. Hay que preguntarse quién va a cuidar a esos chicos, con qué ingresos, en qué viviendas, con qué acceso a salud y educación y cómo se distribuirán las tareas de cuidado.

Un informe de la mesa intersectorial La Cocina de los Cuidados señala que buena parte de las políticas nacionales vinculadas con el cuidado fueron recortadas, modificadas o desmanteladas durante la gestión de Milei. Entre ellas se encuentran programas relacionados con la primera infancia, la prevención del embarazo no intencional y el acompañamiento de las familias.

Ahí aparece una contradicción difícil de esquivar: si el Gobierno considera que hacen falta más nacimientos, debería explicar también qué condiciones está dispuesto a garantizar para que criar un hijo no signifique una pérdida de autonomía, ingresos o calidad de vida.

El sistema previsional y una discusión más profunda

Milei también vinculó la caída de la natalidad con el futuro del sistema previsional.

El razonamiento es conocido: menos nacimientos significan, en el futuro, menos trabajadores; menos trabajadores implican menos aportantes y, potencialmente, una mayor presión sobre el sistema jubilatorio. El problema es convertir esa cuestión en una responsabilidad de las mujeres.

La sustentabilidad previsional depende de múltiples variables: empleo registrado, salarios, niveles de aportes, productividad, estructura tributaria y composición demográfica. En Argentina, además, existe un enorme desafío vinculado con la informalidad laboral y los bajos ingresos.

Por eso, si la preocupación es el futuro previsional, la discusión podría orientarse también hacia cómo generar empleos formales, salarios suficientes y mejores condiciones laborales. Es una discusión bastante más compleja que responsabilizar a quienes llevan un pañuelo verde.

Una batalla cultural que vuelve a escena

La elección del término “pañuelitos verdes” tampoco parece casual.

El pañuelo verde se convirtió en uno de los símbolos más reconocibles de la lucha por el derecho al aborto en Argentina. Representa una conquista que fue impulsada durante años por organizaciones feministas y que finalmente se convirtió en ley en 2020. Por eso, volver a señalar a quienes llevaron esos pañuelos implica también recuperar uno de los principales adversarios culturales del universo político de Milei.

La cuestión demográfica aparece así entrelazada con otra disputa: qué modelo de familia y qué proyecto de sociedad se busca promover.

La caída de la natalidad puede analizarse desde la economía, la demografía, las políticas públicas y los cambios culturales. Pero también puede ser utilizada como argumento para cuestionar derechos reproductivos conquistados. Y allí es donde la discusión requiere mayor precisión.

El verdadero debate

Quizás la pregunta más importante no sea por qué las argentinas tienen menos hijos sino por qué tantas personas que desean tenerlos sienten que no pueden hacerlo.

Si una persona posterga la maternidad porque no consigue vivienda, porque necesita trabajar jornadas extensas, porque no puede pagar una guardería o porque teme perder su empleo, el problema no está necesariamente en su deseo de formar una familia.

La política pública puede intentar modificar esas condiciones. Puede garantizar licencias, sistemas de cuidado, acceso a vivienda, salud, educación y estabilidad laboral. También puede respetar algo fundamental: que tener hijos debe ser una decisión y no una obligación impuesta desde el poder.

El Estado puede generar condiciones para que quienes quieran ser madres y padres puedan concretar ese proyecto.

Lo que no puede hacer es transformar a las mujeres en responsables de resolver, mediante sus decisiones reproductivas, los problemas estructurales de la economía y del sistema previsional.

Ver esta publicación en Instagram

Una publicación compartida de Plataforma Soberanía (@plataformasoberania)


Este trabajo lo sostienen sus lectores

Plataforma Soberanía no tiene pauta que la condicione: se sostiene con quienes la leen y la miran.

Últimas notas