Emergencia en violencia contra las mujeres: tres femicidios en 15 días


Por Rocio Suarez y Clara Suarez

Las conductoras analizan: tres femicidios en apenas quince días en Rosario. Tres mujeres asesinadas en circunstancias diferentes, pero atravesadas por una misma matriz: la violencia de género. Débora Bordón, Gabriela Banach y Carina Candelas tenían edades, historias y realidades distintas. Una era trabajadora sexual, otra era una reconocida militante trans y la tercera trabajaba en una farmacia del centro de la ciudad. Sus asesinatos ocurrieron en escenarios diferentes, pero volvieron a instalar una discusión que Rosario conoce desde hace años: ¿qué estamos haciendo como sociedad y qué está haciendo el Estado para evitar que la violencia llegue a su expresión más extrema?

Débora Bordón tenía 31 años y ejercía el trabajo sexual. Fue asesinada el 4 de agosto en un departamento de la zona de barrio Luis Agote. La Fiscalía incorporó la perspectiva de género a la investigación y señaló que el ataque habría estado atravesado por una situación de vulnerabilidad y predominio físico. Una semana después, Gabriela Banach, de 47 años, fue encontrada asesinada en el edificio donde vivía. Militante trans, su muerte es investigada como un posible travesticidio. Y el 19 de agosto, Carina Candelas fue asesinada dentro de una farmacia ubicada en pleno centro.

El asesinato de Carina Candelas, de 56 años, ocurrido dentro de la farmacia donde trabajaba, terminó de encender las alarmas. Según la investigación, fue atacada con un arma blanca por su expareja, quien quedó detenido. El crimen se produjo apenas ocho días después del asesinato de Gabriela Banach y quince días después del femicidio de Débora Bordón.

La violencia no empieza con el femicidio

Uno de los puntos centrales para analizar esta problemática es entender que el femicidio rara vez aparece de manera repentina. Antes del golpe puede haber control. Antes de la amenaza puede haber hostigamiento. Antes del ataque puede haber aislamiento, persecución, celos, manipulación o violencia económica.

Esta mirada resulta fundamental porque cambia la pregunta. Ya no alcanza con preguntarnos quién fue el agresor después de que ocurre un asesinato. También debemos preguntarnos qué sucedió antes, qué señales existieron y qué posibilidades hubo de intervenir.

La prevención no empieza cuando una mujer es asesinada. Empieza mucho antes.

Cuando el peligro está cerca

Hay otro dato que obliga a revisar algunos lugares comunes. En una parte significativa de los femicidios, el agresor pertenece al círculo íntimo o conocido de la víctima. Parejas, exparejas, familiares o personas con algún tipo de vínculo. El caso de Carina Candelas vuelve a poner esta realidad frente a nuestros ojos: según la investigación, el ataque fue cometido por su expareja en su propio lugar de trabajo. Incluso trascendieron testimonios que hablaban de situaciones previas de hostigamiento.

Esto significa que muchas veces la violencia no llega desde un desconocido que aparece de manera inesperada. Puede instalarse dentro de un vínculo que alguna vez fue afectivo. Y justamente ahí reside una de las mayores dificultades para quienes atraviesan estas situaciones. Alejarse de un agresor no siempre es sencillo. Puede implicar dejar una casa, reorganizar la economía familiar, proteger a hijos e hijas, modificar rutinas y enfrentar amenazas o persecuciones. Por eso, decirle a una mujer que simplemente “se vaya” puede ser tan insuficiente como injusto.

Para salir de una situación de violencia hacen falta redes. Y esas redes necesitan recursos.

El Estado, en el centro de la discusión

Cada femicidio vuelve a poner al Estado frente a una pregunta inevitable: ¿son suficientes las políticas de prevención y asistencia?

Las organizaciones feministas y sociales que se movilizaron tras el asesinato de Candelas reclamaron medidas de emergencia frente a la violencia de género y denunciaron un debilitamiento de las políticas públicas. La concentración en Plaza 25 de Mayo tuvo como consigna “Basta de matarnos” y expresó también el rechazo a continuar contando víctimas como si se tratara de una estadística inevitable.

¿Las herramientas disponibles alcanzan para la dimensión del problema? Y, sobre todo, ¿llegan a tiempo? Porque una política de prevención se mide, fundamentalmente, antes de la tragedia. En ese sentido, desde la Campaña por la Emergencia en Violencia contra las Mujeres sostuvieron la necesidad de la declaración de la emergencia ya para habilitar mayores recursos y financimiento en la prevención y el abordaje de la violencia de género.


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