Suba del riesgo país, el efecto del modelo económico de Milei y Caputo


Por Yamila Churruarín

Luis Caputo, Ministro de Economía, quiso convencer a los inversores de que, en lugar de cobrar una deuda que vence a fines de agosto, aceptaran postergar ese pago hasta septiembre u octubre. Pero la mayoría no quiso.

De la deuda que se intentó postergar, solo el 34,12% fue renovado. Es decir, aproximadamente uno de cada tres inversores aceptó y dos de cada tres prefirieron mantener el vencimiento original.

¿Qué deuda estaba intentando renovar el Gobierno?

Esto no significa que los inversores estén diciendo “Argentina va a entrar en default”. Es algo más sutil, pero importante: el mercado está diciendo que, por ahora, no está dispuesto a prestarle a Argentina más tiempo tan fácilmente. Y eso es justamente lo que preocupa al Gobierno.

Se trata de una Lelink, es decir, una letra del Tesoro vinculada al dólar. La particularidad de este tipo de instrumento es que el inversor busca protegerse frente a una eventual suba del dólar.

Por ejemplo, imaginemos:

Comprás un bono por el equivalente a USD 1.000. Si el dólar aumenta, el valor en pesos de esa inversión también aumenta. Por lo tanto, el inversor tiene una especie de cobertura frente a una devaluación.

El Gobierno tenía un vencimiento importante a fines de agosto y buscaba decirle a los tenedores:

“En lugar de pagarte ahora, ¿aceptás que te pague en septiembre u octubre?” Eso se llama canjear o renovar deuda.

¿Por qué al Gobierno le interesa postergar el pago? Acá está una de las claves de toda la noticia.

Supongamos que el Gobierno tiene que pagar USD 1.000 millones esta semana. Si consigue que los inversores acepten postergar ese pago, no necesita conseguir esos dólares inmediatamente. Puede trasladar la obligación hacia adelante. Esto permite administrar mejor el calendario de vencimientos.

En criollo: Caputo está tratando de evitar que todos los dólares que necesita pagar se le vengan encima al mismo tiempo. El problema es que para hacer eso necesita que los inversores confíen y acepten esperar. Y esta vez, la mayoría no quiso esperar.

¿Por qué es importante que solo haya entrado el 34%?

Porque funciona como una especie de termómetro de confianza del mercado. Si el Gobierno hubiera ofrecido renovar la deuda y, por ejemplo, el 80% o 90% hubiera aceptado, la señal habría sido: “Los inversores confían en que Argentina va a poder pagar más adelante.”

Pero ocurrió lo contrario. Solo 34,12% aceptó. Por eso el portal de noticias interpreta que “el mercado le marca un límite a Caputo”. No necesariamente porque los inversores crean que Argentina no va a pagar, sino porque prefieren tener el dinero disponible antes que seguir expuestos al riesgo argentino.

Aquí es donde entra el concepto de riesgo pais. El riesgo país intenta medir cuánto riesgo adicional representa prestarle dinero a un país respecto de una referencia considerada muy segura. En Argentina, el indicador más conocido es el EMBI (Índice de Bonos de Mercados Emergentes) de JP Morgan. Mide la diferencia de tasa de interés que paga la deuda en dólares de un país emergente frente a los bonos del Tesoro de Estados Unidos.

En la jornada que analiza la noticia, el riesgo país subió hasta 511 puntos básicos, su nivel más alto desde mayo.¿Qué significa 511 puntos?

100 puntos básicos = 1 punto porcentual.

Entonces:

511 puntos básicos = 5,11 puntos porcentuales.

Simplificando muchísimo: Si Estados Unidos pudiera financiarse a determinada tasa, Argentina tendría que pagar aproximadamente 5,11 puntos porcentuales adicionales de costo asociado al riesgo, según ese indicador.

Por eso cuanto más alto es el riesgo país, financiarse afuera se vuelve más caro.

Y esto es particularmente importante para Argentina porque necesita volver a tener acceso normal al crédito internacional.

La noticia también menciona que las tasas de corto plazo aumentaron. ¿Por qué? Porque el Gobierno necesita hacer que tener pesos resulte relativamente atractivo frente a comprar dólares. 

La lógica es: mayor tasa de interés provoca que ahorrar/invertir en pesos resulte más atractivo y es un menor incentivo a comprar dólares.

Pero hay un problema. Una tasa muy alta también significa: crédito más caro → ergo financiamiento más caro para empresas y consumidores ya entonces en conclusión menor actividad económica.

Por eso el Gobierno tiene que encontrar un equilibrio.

La promesa de la dolarización

Este concepto también aparece indirectamente en la noticia. Cuando los argentinos sienten que tener pesos es riesgoso, pueden intentar proteger sus ahorros comprando dólares. Eso se llama, en términos generales, dolarización de carteras.

El Gobierno quiere evitar que haya una demanda excesiva de dólares porque eso puede generar presión sobre el tipo de cambio. Entonces aparece un círculo bastante complicado: miedo al peso → más demanda de dólares → presión sobre el dólar → el Gobierno necesita subir tasas → crédito más caro.

Reservas del Banco Central

Las reservas internacionales son los dólares y otros activos líquidos que tiene el Banco Central.

Son importantes porque sirven, entre otras cosas, para:

  • afrontar determinados pagos externos;
  • intervenir en el mercado cambiario cuando corresponde; dar confianza sobre la capacidad de pago del país; respaldar la estabilidad financiera.

La nota señala que el BCRA compró apenas USD 10 millones durante esa jornada, por debajo del promedio diario de agosto.

Esto es importante porque el Gobierno enfrenta simultáneamente dos objetivos: necesita acumular reservas, pero tampoco quiere generar una presión adicional sobre el dólar.

Dólar “quieto” vs. reservas

Acá aparece uno de los dilemas más interesantes de la nota.

El Gobierno quiere:

  • Dólar relativamente estable

Porque un salto del dólar puede trasladarse a los precios y dificultar la baja de la inflación.

  • Tasas suficientemente altas

Para que los argentinos no tengan tanto incentivo a pasarse de pesos a dólares.

  • Acumular reservas

Para fortalecer la posición financiera del Banco Central.

El problema es que las tres cosas no siempre son compatibles al mismo tiempo.

La propia nota resume esta tensión: el Gobierno necesita tasas altas para desalentar la dolarización, un dólar estable para contener la inflación y, al mismo tiempo, comprar reservas sin generar más presión cambiaria. ¿Y qué pasó con el dólar? Durante esa jornada también subieron distintas cotizaciones: dólar mayorista: $1.495 dólar oficial al público: $1.515 dólar blue: $1.555 contado con liquidación: $1.580

Además, los contratos de dólar futuro también subieron. Esto muestra que la presión sobre el dólar no desapareció, incluso con tasas de interés más elevadas.

Entonces, ¿qué está diciendo realmente el mercado? Esta es, para mí, la parte más importante de la noticia. El mercado está diciendo:

“Quiero cobrar o tener mayor protección ahora. No estoy tan dispuesto a confiar mi dinero al Gobierno durante más tiempo sin una compensación suficiente.”

Eso explica por qué dos de cada tres inversores decidieron no extender el vencimiento.

¿Por qué esto es una señal de alerta para Caputo? Porque el programa económico necesita recuperar progresivamente confianza financiera.

El Gobierno busca que Argentina pueda: bajar la inflación, estabilizar el dólar, acumular reservas, reducir el riesgo país y volver a financiarse normalmente.

Pero para que ese mecanismo funcione, necesita que los inversores crean que Argentina va a poder cumplir sus compromisos futuros. El resultado de esta licitación muestra que esa confianza todavía tiene límites.

Y hay algo particularmente interesante: La deuda que se estaba ofreciendo postergar era dólar-linked, es decir, un instrumento que ya le ofrece al inversor cobertura frente al dólar.

Aun teniendo esa protección, la mayoría prefirió no estirar el plazo.

Cuando varias variables financieras se mueven simultáneamente en una dirección negativa, el mercado empieza a mirar con más atención la capacidad del Gobierno para administrar sus próximos vencimientos.

La noticia resumida “en criollo”: Caputo quería patear parte de una deuda para adelante y ganar tiempo. Pero los inversores le dijeron “no estoy tan seguro de querer seguir prestándote”. Dos de cada tres prefirieron esperar el vencimiento y cobrar.

Mientras tanto, el riesgo país subió, el dólar aumentó y las tasas también. Entonces el Gobierno queda atrapado en una especie de equilibrio complicado: necesita dólares, necesita reservas, necesita mantener tranquilo al dólar y necesita convencer al mercado de que Argentina puede pagar sus deudas.

La enseñanza económica de fondo: el Gobierno puede controlar algunas variables —tasas, emisión, intervención, calendario de deuda—, pero no puede obligar al mercado a confiar. La confianza se construye mostrando capacidad de pago, acumulando reservas y manteniendo un programa económico que los inversores consideren sostenible.


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